Por la Redacción
El legendario compositor español vuelve al país que lo adoptó desde los años sesenta. A sus casi cien años, habla con humor, lucidez y una sensibilidad intacta sobre su vida, su proceso creativo y el recital íntimo que ofrecerá en la Ciudad de México.
Un creador que piensa en música y siente en verso

Manuel Alejandro, autor de algunas de las piezas más entrañables de la música en español, conserva intacto el ingenio que lo convirtió en un referente de las baladas. Con un humor que desarma, se presenta como “el compositor más grande… porque Manzanero era más bajito”, frase que utiliza como llave para abrir una conversación donde convergen su biografía, su visión del arte y la relación que lo une profundamente con México.
Mientras revisa el guion de su próximo recital en el país, reflexiona sobre sus casi cien años de vida. Asegura que no han sido “cien años de soledad”, sino de amor, encuentros y pasiones que dieron forma a cientos de canciones. Para él, la esencia emocional del ser humano sigue siendo la misma: “La manera en que una mujer cierra los ojos cuando ama… esa no ha cambiado”, dice con esa precisión poética que tantas veces convirtió en melodía.

La alquimia de crear canciones
El compositor insiste en que la inspiración es un misterio imposible de domesticar. “Si supiera de dónde viene, tendría cuarenta mil canciones”, confiesa. Para él, una balada nace de un conjunto indivisible: sensibilidad, forma de vivir, manera de pensar y experiencias profundas.
Por eso defiende la soledad creativa. “Las canciones de amor no pueden escribirse entre cinco personas”, afirma. Y recuerda con ironía Amores a solas, escrita para Rocío Jurado, un tema íntimo sobre la masturbación femenina: “Eso no se escribe delante de nadie”, comenta con malicia elegante.
Escribir a la medida del intérprete
Si algo distingue a Manuel Alejandro es su capacidad para componer desde la observación cercana. Antes de escribir para un artista, convive con él, lo escucha, analiza sus gestos

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