JOSE CHABLE RUIZ

La geopolítica mundial entró en una nueva fase de tensión a partir del pasado 3 de enero, al invadir el ejército estadounidense a Venezuela, para detener al presidente Nicolás Maduro Moros y a su esposa Cilia Flores, acusados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por los delitos de narcoterrorismo, tráfico de cocaína y otros delitos relacionados con armas.
El hecho sacudió los equilibrios regionales, reavivó el debate sobre la vigencia del derecho internacional y los principios establecidos en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, además de marcar un precedente de alto impacto político y jurídico en el mundo.
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero de 2025, se consolidó una estrategia de reordenamiento económico y comercial global mediante la imposición de aranceles, con el objetivo explícito de frenar la expansión de China, particularmente en América Latina. No es un dato menor que el gigante asiático haya invertido 518 mil millones de dólares en la región en 2024, convirtiéndose en el segundo socio comercial de Sudamérica, aunque en 2025 se registró una desaceleración en sus compromisos de infraestructura y financiamiento asociados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
El pasado 5 de diciembre, Trump presentó la Estrategia de Seguridad Nacional de su gobierno, documento que retoma la Doctrina Monroe bajo la premisa de que Estados Unidos debe mantener la preeminencia en el hemisferio occidental como condición para su seguridad y prosperidad. Bajo esta lógica, su gobierno busca controlar la migración irregular, combatir el narcotráfico y contener la presencia económica y estratégica de China en puertos, infraestructura crítica y activos considerados sensibles en AL.
La estrategia contempla fortalecer alianzas con gobiernos, partidos y actores políticos afines a sus intereses, al tiempo que incrementa la presencia militar estadounidense en la región, incluso con la posibilidad de recurrir al uso de la fuerza cuando lo considere necesario.
En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrentará en 2026 un escenario complejo: la reconfiguración del poder hemisférico bajo una renovada lógica intervencionista que pone a prueba la soberanía, la diplomacia y la capacidad de México para defender sus intereses nacionales frente a la nueva —y vieja— doctrina estadounidense, que Trump denomina ahora Donroe.
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