JOSE CHABLE RUIZ

Solo a través del diálogo y la razón, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha demostrado que es posible atemperar la compleja relación con su homólogo estadounidense Donald Trump, quien de manera recurrente amenaza con imponer nuevos aranceles comerciales, desconocer el T-MEC e incluso intervenir militarmente en México, al catalogar a los cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas que, a su juicio, ponen en riesgo la seguridad nacional y la salud pública de Estados Unidos.
El ala radical de Morena y algunos analistas políticos insisten a Sheibaum que confronte a Trump, que endurezca el diálogo. La presidenta al hacer caso omiso ha optado por mantener un trato institucional, firme pero respetuoso, con un impredecible y polémico Trump.
En los doce diálogos telefónicos que ha sostenido Sheinbaum con Trump —el primero el 7 de noviembre de 2024, cuando lo llamó para felicitarlo por su triunfo electoral, y el más reciente ocurrido este jueves— ambos mandatarios han calificado las conversaciones como “productivas y exitosas”. Los temas han sido: la frontera, la seguridad y la relación comercial entre ambas naciones.
En esta última conversación, Trump adoptó un tono inusualmente elogioso hacia la presidenta mexicana al publicar en Truth Social que sostuvo una llamada “muy productiva y positiva para ambos países”, y al reconocer que México “tiene un líder maravilloso e inteligente”. Un mensaje que contrasta con su retórica habitual y confirma que el diálogo bien conducido produce resultados.
Existe un dicho popular que afirma que “nadie se resiste al buen trato”. Aun con su conducta errática y confrontacional, Trump ha mostrado disposición a mantener una relación estable con México gracias a la estrategia de comunicación política de Sheinbaum.
Algo similar ocurre en el ámbito interno. Ahí está el caso del empresario Ricardo Salinas Pliego, quien dialoga con el SAT para acogerse a beneficios fiscales que podrían reducir en casi 39 por ciento un adeudo histórico de 51 mil millones de pesos, pese a las campañas de descalificación que ha promovido contra Morena y la propia presidenta. La lección es clara: el diálogo no es debilidad, es inteligencia política. Algunos morenistas y neomorenistas deberían tomar nota y evitar la soberbia. Los cargos públicos son transitorios; la responsabilidad institucional, no.
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